VÍDEO: Escucha la Música de Júpiter, Saturno y Neptuno; una Experiencia “Astro-Sonora”

Dedicar unos minutos a escuchar los coros electromagnéticos que irradian Saturno, Júpiter y Neptuno, puede ser una terapia ampliamente recomendable.

Históricamente nos hemos relacionado con los planetas a través de la vista. Ya sea observando videos de la NASA o mejor aun envueltos en la simpleza de observar el cielo en busca de patrones y mensajes que puedan auxiliarnos en nuestra búsqueda de sentido, las civilizaciones humanas hemos establecido una relación fundamentalmente visual con estos cuerpos que cumplen con implacables y estéticas trayectorias. Pero ¿cómo suenan los planetas?

Entre coros electromagnéticos y un ritual astro-sonoro emergen estos sonidos provenientes de Júpiter, la Tierra y Saturno. Utilizando procesos de conversión de data mediante equipo instalado en la sonda Voyager, investigadores de la NASA recopilaron la música que resulta de las dinámicas propias del interior de estos mundos.

En el caso de Júpiter, los fenómenos encargados de detonar su presencia sonora son la interacción de partículas electromagnéticas provenientes del viento solar, así como la magnetósfera que cubre al planeta. La limpieza caótica de esta acelerada danza, en la que participan millones de partículas, deriva en secuencias etéreas, casi omnipresentes, que terminan por encausar una hipnótica suavidad.

Continuamos con Neptuno, un cuerpo un tanto indescifrable, y particularmente lejano a la Tierra. Su constitución es exclusivamente gaseosa, y tarda 165 años en rodear al sol (un planeta tan paciente como introvertido). El sonido que emana de Neptuno recuerda a la respiración perpetua del universo, el ineludible péndulo, y termina proyectándose en una especie de sincrónica orquesta de ballenas exhalando, guiadas por una sombría partitura (o incluso podría compararse a escuchar a Darth Vader durante un largo y plácido sueño de opio).

Finalmente llegamos a Saturno, para mi el más misterioso y sensual de los cuerpos planetarios que desfilan en torno a nuestro sol. Su exuberante elegancia, la cual paradójicamente puede desquiciarnos durante cierta etapa de nuestra vida, incluye la masiva emisión de ondas de radio que se traducen en trepidantes protocolos sonoros, similares a los que emanan las auroras boreales (que por fortuna tuvimos ya oportunidad de escuchar aquí), que terminan protagonizando un complejo  duelo de frecuencias auditivas.

Así concluímos este breve paseo por paisajes vibratorios y fantasmagóricas oscilaciones, cuya tétrica exquisitez florece en improbables estados de ánimo.