Si la marihuana acaba con tus testículos, la cocaína los rescata (sobre el escepticismo en los estudios científicos)

Ambiguo estudio científico relaciona la marihuana con el desarrollo de cáncer testicular, pero al mismo tiempo descubre que la cocaína puede disminuir su probabilidad; una comedia de enredos científica cuya moraleja parece ser la necesidad de leer estos estudios con escepticismo.

Recientemente, la Universidad del Sur de California dio a conocer un estudio en el que se asegura que existe una relación entre “el uso recreacional de la marihuana y el incremento en el riesgo de desarrollar subtipos de cáncer testicular que tienden a pronósticos peores”, añadiéndose además que estos posibles efectos negativos pueden extenderse “a los propósitos terapéuticos” que la planta tenga en jóvenes pacientes masculinos.

El contexto de la investigación y la investigación misma, sin embargo, poseen algunas circunstancias que mueven al escepticismo. De entrada, esta fue auspiciada por el National Cancer Institute de Estados Unidos, una dependencia gubernamental de sólidos nexos con la industria farmacéutica, el Big Pharma que supedita los fines curativos de la investigación científica a la ganancia económica y que no ha dudado en bloquear fármacos que curan porque no son rentables.

Por otro lado, una lectura atenta del susodicho estudio muestra que, en términos generales, los investigadores están relacionando en cáncer testicular con “causas ambientales”, un término suficientemente ambiguo en el que cabe prácticamente cualquier cosa, comenzado con el aire que respiramos. “En ausencia de toda verdad definitiva, la marihuana amenaza tus testículos”.

La sospecha, sin embargo, no termina aquí, pues al parecer los autores tampoco tienen claro el asunto. Victoria Cortessis, co-autora de la investigación, profesora asistente de medicina preventive en la USC, declaró al respecto:

No sabemos qué hay desencadena la marihuana en los testículos que pueda desarrollar carcinogénesis, aunque especulamos que podría ser activado por medio del sistema endocannabinoide —la red celular que responde al ingrediente activo de la marihuana— dado que este sistema ha mostrado ser importante en la formación del esperma.

Y por si la investigación no fuera suficientemente cuestionable, remata con un descubrimiento casi cercano al humor involuntario, como si un demiurgo hubiera alterado las pruebas para generar la carcajada general. Y es que, según los científicos, “hombres con un historial de consumo de cocaína tienen un riesgo reducido de ambos subtipos de cáncer testicular”.

Pero quizá la verdadera moraleja de esta comedia de enredos sea que, pese a sus discurso de objetividad y de neutralidad (política, de valores, de intereses), la ciencia, como ya lo evidenciara Michel Foucault, está atravesada por el poder, por personas de carne y hueso con objetivos específicos que casi siempre quedan manifiestos cuando intentamos responder a quién beneficia tal o cual “descubrimiento”.
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